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sábado, 13 de octubre de 2012

El Movimiento

Hoy en día se han presentado distintas expresiones de unidad social en diversos contextos que mas que un fin cívico, se guían por la hambruna de capitalizar fortuna o de posicionar una marca en la mente del consumidor.


En nuestro país, se ha perdido la reflexión que se camufla detrás de rebeliones y manifestaciones impulsivas por grupos partidistas, los movimientos como el de Avándaro a principios de los años 70, ya no existen más. Los escenarios locales conforman una variedad de presentaciones para diversos pensamientos culturales, pero el sentir va mas allá de un criterio. Las masas hoy en día se guían por la moda, por pertenecer a un estrato de la población que para ellos resulta "diferente" o "especial".
Las clasificaciones han permeado en el cognitivo-conductual de nuestra sociedad: Hippies, Darquetos, Escatos, Ponquetos, Emmos, entre otros han sido marco de críticas y del tache de los que se consideran "normales". Pero ¿Qué sería del mundo sin las culturas urbanas, las cuales persiguen un fin positivo o negativamente aceptado por los otros? La respuesta, está en aquellos que luchan por desvancar a estas sólidas subculturas, como los denominados Hipsters, un término recuperado en las inmediaciones de una ciudadanía alterada por la inestabilidad emocional, el resurgimiento de viejas tendencias y el intento de adaptación a un supuesto medio cosmopolita en un país en vías de desarrollo.


Encuentros pluriculturales donde se dan cita miles de espectadores por el simple hecho de escuchar a una banda o para convivir con sus seres queridos, a los cuales exigen una remuneración económica por el derecho de piso. De vez en vez, se observan movimientos con buenas intenciones, pero ellos, se pierden cuando el patrocinio de una transnacional los abarata su objetivo, prometiendo donativo y apoyos.


En un México de tantas influencias malintencionadas, debemos buscar el mérito de convertimos en lo que nosotros queremos, formando un pensamiento y un estilo de vida propio, y así poder generar desde el interior el cambio para la reestructuración de una sociedad quebrantada por la ambición, la corrupción, las especulaciones, falsas expectativas y por una pobre educación tanto en las aulas como en el hogar.


Generemos un nuevo movimiento, poniendo de ejemplo a las millones de personas que lucharon pacíficamente con el sonido del rock and roll hace poco más de cuatro décadas, donde los musicos regalaron su presentación como símbolo de solidaridad con el pueblo y donde el pueblo deshizo por un par de días la represión socio-política de un gobierno de atadurías.


Debemos dar sentido a las manifestaciones socio-culturales, no sólo por dinero y poder, sino por el fin de mejorar la situación de este maravilloso país.